La sanación sexual tiene sentido cuando hay algo concreto atascado (deseo apagado, tensión crónica en la pelvis, vergüenza, dificultades de erección o de control sin causa médica, una ruptura que se ha quedado en el cuerpo); no tiene sentido como "masaje más largo", y no sustituye nunca a un médico, un urólogo, un ginecólogo o un psicólogo cuando hace falta uno.
Qué es exactamente
Una sesión de 120 minutos que empieza con una conversación larga, no de cinco minutos, y continúa con masaje de aceite caliente, respiración, trabajo energético y, cuando procede, masaje lingam o yoni. El objetivo es barrer lo que está estancado y volver a armonizarse con una energía limpia. No hace falta estar enfermo para recibirla, igual que no hace falta una lesión para recibir un buen masaje. El precio se acuerda en cada caso porque la sesión se adapta a la persona.
Cuándo digo "sí, esto es sanación"
- Cuando el deseo se ha apagado sin que haya una explicación médica y la persona lo vive como una pérdida.
- Cuando hay una tensión pélvica crónica que ningún masaje "normal" suelta.
- Cuando una ruptura, una infidelidad o una etapa dura se nota en el cuerpo al ser tocado.
- Cuando alguien quiere cerrar una etapa y empezar otra con la energía limpia, sin que nada esté "mal".
Cuándo digo "mejor un Intensivo"
Cuando lo que la persona quiere es placer, desconexión y una experiencia completa. No hay nada que sanar en querer disfrutar; el Tantra Intensivo es la sesión para eso, y prefiero decírtelo antes que venderte dos horas de trabajo emocional que no has pedido.
Cuándo digo "esto no es para mí"
Si hay dolor físico persistente, sangrado, disfunción eréctil de aparición brusca, o síntomas de ansiedad o depresión, lo primero es un profesional sanitario. Lo digo con claridad en la conversación previa y, si hace falta, no realizo la sesión. La sanación sexual puede acompañar un proceso médico o psicológico, nunca reemplazarlo.
Una sesión o un proceso
A veces basta una. Otras planteamos dos o tres encuentros con unas semanas entre ellos. Se decide después de la primera, nunca antes: no vendo paquetes de algo que todavía no sé si vas a necesitar.




